Mátame

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viernes, 19 de enero de 2018

Mi tormentosa relación virtual

Ya he tenido relaciones difíciles antes. La última vez que me quebraron el corazón ((porque el término "romper" resulta un piropo comparado con lo que pasó)), la victimaria se dio el lujo de hacerme pasar por el período más inestable que jamás había experimentado en mi vida: que sí, que mejor no, que siempre por supuesto que sí, que esto no es nada, que no la deje, que hasta nunca, etc, etc, etc. Todas promesas y excusas para hacer caer al típico pobre diablo. O sea yo. Ejem. Sigamos.

Yo hubiera pensado que semejante vaivén de sentimientos e inestabilidad emocional solo podía provocármelo una mujer experta en juegos crueles del corazón, una fémina de decisión frágil y mirada seductora, pero me equivocaba. Del lugar más frío de la internet, ataviada con los algoritmos más impredecibles y pronunciadas curvas de cambios constantes, la sensual plataforma de Youtube me demostró lo contrario. 

Ella y yo iniciamos nuestra relación como amigos, es decir, Youtube solamente podía verme de forma platónica: yo le ofrecía mis más dedicados videos, y la plataforma simplemente los aceptaba con cortesía. A pesar de que yo quería más, Youtube no me dejaba estrechar nuestra relación, pero me alentaba a continuar con mis galanterías, por lo que no perdí mis esperanzas de alcanzar sus más preciados favores. 

Con el tiempo me di cuenta de que la plataforma tenía alguna clase de prejucio contra mi país de procedencia, porque mientras que a mí me mantenía en la zona de amigos, a pretendientes de otras latitudes les entregaba la flor de su monetización sin mayores miramientos. Eso me ponía celoso, evidentemente, pero aprendí que debía respetar su decisión o arriesgarme a perderla para siempre. 

Un día, sin embargo, en que el sol brillaba con más intensidad y un coro de revoloteantes pajaritos cantó para mí una romántica tonada de amor cibernético, noté en la plataforma un cambio sencillo pero significativo: el ícono verde del signo del dólar adornaba de forma sexy los videos de mi canal. Youtube me estaba diciendo con esa hermosa muestra de cariño "Sí. Ven, haz tuya mi... monetización..."

Era el éxtasis. 

Soy un caballero, por lo que no expondré aquí todo lo que hicimos esa noche ella y yo. Pero han de saber que fui incansable subiéndole videos hasta decir ya no. 

Lejos estaba yo de saber que esa relación sería fuente constante de angustias. No podía ni imaginar que una plataforma tan preciosa pudiese tener un defecto tan horrible: se deleitaba con hacer sufrir a sus pretendientes amenazándoles con quitar -o directamente quitándoles- su monetización. Un día, de la nada, me escribió en una carta lo siguiente: 

"Gracias por el interés mostrado en Google AdSense. Desafortunadamente, tras examinar su solicitud, no podemos aceptarle en AdSense en este momento. No hemos aprobado su solicitud por los motivos que enumeramos a continuación. No se puede revisar el sitio: al intentar acceder a la www.vosvenive.com, hemos descubierto que el sitio no funciona correctamente o no está disponible"

(Mi cuenta de Youtube Partner dependía desde un principio de mi sitio web, no me pregunten por qué)

El corazón me dio un vuelco. "Pero, cariño -quise decirle- tengo el sitio arriba! En serio! (Dios, esto nunca me había pasado antes!) Dame la oportunidad de arreglar cualquier problema que pueda tener, por favor!" Pero ella no contestó. Su amigo "Noreply" me salió al paso para evitar que pudiera hablar con ella. 

Asustado y con un gran nudo en el mouse, me apresuré a buscar el problema y a resolverlo lo antes posible. Revisé mi sitio, lo limpié, lo perfumé, lo arreglé y se lo presenté de nuevo a mi querida plataforma de videos. Creo que le gustó, porque algunos días después, volvimos. ¡Me sentí bien macho!

Es tan doloroso recordar estos hechos, que trataré de resumir lo más posible lo que ocurrió después. 

Una vez juntos de nuevo, me puse a hacer planes. Yo sabía que, si quería que la relación perdurara, debía hacer cambios significativos en mi trato hacia ella. Tenía que crear más y mejor contenido, subir con más frecuencia y pregonar a los cuatro vientos nuestro amor ((necesitaba llegar a más gente, pues!)). Mi emoción fue inmensa cuando empecé a ver que, fruto de nuestra unión, ya habían nacido varios centavitos que podía ver claramente en la guardería  de ingresos estimados. Estaban bien chiquitos, pero yo sabía que podía hacerlos crecer junto a ella. 

Me equivoqué tremendamente. Mi plataforma querida volvió a mandarme a la porra algunas semanas después con la pobre excusa de que no le gustaban tantas imágenes en mi sitio web. Corregí como pude y le pedí de nuevo que me aceptara. Ya en este punto no me importaba que barriera con mi orgullo, todo lo que me importaba era no perderla a ella y no arriesgar a nuestros queridos centavos.

Y así seguí. Ya tenía listas varias producciones para empezar a subir y los planes de promoción estaban a punto de iniciarse. Entonces, cuando más involucrado e ilusionado estaba yo con ella, me mandó el implacable ultimatum:

((Me lo mandó en inglés para demostrar más frialdad, pero aquí lo traduzco:))

"Bajo los nuevos requerimientos de selección anunciados hoy, tu canal de Youtube, vosvenive, ya no es apto para monetización porque no cumple el umbral de 4,000 horas de tiempo de visualización en los últimos 12 meses, ni los 1,000 subscriptores. Como resultado, tu canal perderá acceso a todas las herramientas de monetización y características asociadas con el programa Youtube Partner en febrero 20, 2018..."


El mundo se me vino abajo. Y como si quisiera regodearse en su maldad, ella todavía añadió con sorna:

"...A menos que superes ese umbral en los próximos 30 días..."


Quise decirle: "¿Es que es una broma? ¿Una broma cruel y despiadada?? ¿Cuatro mil horas de visualización y mil subscriptores en 30 días?? ¿Cómo se supone que voy a hacer eso!? Soy un productor independiente pequeño, apenas me miden 100 los subscriptores (antes me habías dicho que el tamaño no te importaba, mentirosa!) No voy a poder cumplir con esos requerimientos en tan poco tiempo! Y vos deberías saber que mis planes de subsistir a través de la creación de contenido dependían de poder mantener la monetización! ¿Acaso los centavitos que tenemos juntos no significan nada para vos? ¿Por qué has cambiado tanto!?? ¿Por qué ya no me querés...?"

Pero no hubo respuesta. Noreply, una vez más, no me dejó hablarle directamente. Ya incluso estoy sospechando que se tiene algo con ella, no lo sé... 

Y aquí estoy... triste, desolado, casi desmonetizado... he pensado una y mil formas de hacer que ella vuelva conmigo, pero sé que es inútil. No podré cumplir con sus injustas exigencias... Así que, mientras otros creadores con más recursos podrán mantener su relación con ella; aquellos de nosotros que apenas estábamos iniciando, aquellos que no podemos competir porque somos pequeños y dependíamos de ir generando ingresos poco a poco para ir creciendo, tendremos que resignarnos a perder nuestras posibilidades. 

Todo esto porque la plataforma de youtube ha decido hacerse elitista, porque ya no le interesa apoyar a nuevos creadores, porque los valores de inclusión, apoyo y diversidad que solía pregonar ya le valen un pito, porque ahora sí, sin lugar a dudas, lo único que pesa en su corazón virtual es forrarse de dinero.

Jap






domingo, 25 de septiembre de 2016

La realidad virtual irrumpe en la realidad narrativa



No es difícil imaginar que, en los albores de la humanidad, los primeros seres humanos lo suficientemente inteligentes como para aburrirse, se sentaron frente a una fogata cálida no solo para defenderse del frío, sino para apreciar esas crepitantes llamas elevarse de forma intermitente y entretenerse por horas con ellas.

Esto, probablemente, daría origen a los primeros “showcavemen”, que, más aburridos que el resto de sus congéneres, habrían de colocarse peligrosamente cerca del fuego para bailar, aullar y contar la historia de la caza del día; todo esto frente a una audiencia emocionada de tener el primer programa de fogata que no fuera totalmente anaranjado.

Y desde entonces, ya  sea desde el escenario en el teatro, o a través de las pantallas que ofrecen el cine, la televisión, o los dispositivos móviles, las historias audiovisuales siempre habían sido disfrutadas desde afuera; incluso con el advenimiento de las películas 3D, el espectador no dejaba de ser un ente foráneo, limitado por el recuadro que contiene la historia.

Bueno, ya no más.

Ahora que los dispositivos de realidad virtual son una realidad… real… ejem! No solamente los videojuegos se benefician con la inmersión casi completa que esta tecnología ofrece, sino también la narrativa misma, que ahora puede poner al espectador directamente en medio de la acción, para ver lo que quiera ver con 360 grados de libertad.

Esta libertad, y los retos que la misma supone para los creadores, fueron los puntos principales de la conferencia “Storytelling: Your Attention, Please!”, que Jan Pinkava, director creativo de Spotlight Stories en Google, impartió durante el Festival Internacional de Animación de Ottawa (OIAF) el pasado 22 de septiembre.

¿Cómo contar la historia si la audiencia puede elegir ignorar la historia? ¿Qué tal si la escena debe transcurrir en frente del espectador pero este repentinamente decide dirigir su vista hacia un punto lejos de la acción?

A pesar del reto que supone para el autor no saber hacia dónde dirigirá la audiencia su atención en una historia determinada, Pinkava cree que existen posibilidades creativas para resolver este problema. Por ejemplo, dado que los sistemas de VR pueden detectar constantemente hacia dónde está viendo el espectador, es posible detener la acción principal si este mira hacia otro lado de la escena, donde inmediatamente puede empezar una acción secundaria y, una vez que el usuario regresa a la acción principal, esta continúa desde el punto donde se detuvo.



En el caso de la animación, esto significa que todo el mundo en el que se habrá de sumergir al espectador debe estar animado con escenas principales y secundarias repartidas en todas partes, para que la exploración del usuario sea tan entretenida como sea posible.

Otra posibilidad es utilizar los sonidos y la música para dirigir la atención de la audiencia, en lo que se conoce con el término “ambisonics”, que es una técnica en la que el sonido envuelve al espectador no solo en el plano horizontal, sino también desde arriba y abajo; de tal forma que este pueda saber si se aleja o acerca a la acción dependiendo de dónde provengan los sonidos.

Un excelente ejemplo de esto se puede apreciar con el corto “Pearl” de Patrick Osborne, que utiliza la música como el hilo principal de la experiencia de realidad virtual de su historia; y que cuenta, con mucho sentimiento, la relación de un músico ambulante y su hija mientras viajan de ciudad en ciudad.

Pero Pearl usa, además, otra técnica un tanto más restrictiva para mantener la atención del espectador: lo sienta en el puesto del copiloto en el automóvil en el que viajan los protagonistas. Esto podría parecer ir en contra del espíritu de independencia y exploración de la realidad virtual, pero lo que se pierde en libertad se gana en inmersión, dado que la audiencia puede sentirse realmente parte de la historia como un personaje más, hasta el grado de elegir cambiar de asiento o levantarse para observar el mundo desde la ventana del techo del carro.


La experiencia es genuinamente sorprendente, como este servidor pudo comprobar en los puestos designados para probar las historias de realidad virtual en el OIAF.

Gracias a los avances en tecnología y los precios relativamente bajos de los sistemas de VR, ya es posible sumergirse como nunca antes en las historias que hasta ahora solo podíamos apreciar a distancia, lo que abrirá todo un mundo de posibilidades para los creadores y todo un universo de historias para los espectadores. ¿Qué tanto nos adentraremos en la fogata sin quemarnos? Solo el tiempo lo dirá.


Nota: Aunque la experiencia no es precisamente igual, es posible apreciar “Pearl” como un video de 360 grados en el siguiente link: 
http://www.slashfilm.com/patrick-osbornes-animated-short-pearl/