contradicción

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jueves, 1 de enero de 2015

La piedra certera




-Buenas noches, dijo el ladrón.
-Buenas noches, respondió Jap, abriendo levemente un ojo.
-Me parece que no está usted muy bien, ¿o me equivoco?
-La verdad, no me encuentra usted en mi mejor momento. Me disculpará la descortesía, pero no me siento con muchos ánimos para una plática. Buenas noches. Y Jap cerró los ojos.
-No sé si lo notará –continuó el ladrón- pero tiene la cabeza cubierta de rojo.
-Áh, dijo Jap, eso se llama sangre… Y mientras siga saliendo de mi cabeza, menos ganas tendré de estar hablando. Así que buenas noches!

Y Jap cerró de nuevo sus ojos.

-Usted perdonará la insistencia –volvió a decir el ladrón- pero estoy aquí específicamente para hablar con usted.

Aunque el dolor era cada vez más intenso y la debilidad clavaba su barbilla al pecho, Jap hizo un esfuerzo para levantar su cabeza de forma que pudiera ver mejor a su interlocutor. No lo logró, así que tuvo que conformarse con abrir lo más posible los ojos. Solo el ojo derecho respondió esta vez.

-Pues verá usted, señor: alguien ha lanzado una piedra certera a mi cabeza esta noche… Razón por la cual  usted ve la sangre cubrir mi rostro, lo que a su vez me deja a mí con pocas –o ninguna- energía para sostener una conversación, por lo que amablemente le pediré que me deje en paz. Buenas noches!

Y Jap cerró el ojo que había abierto.

-Pero es que es de eso que he venido a hablarle…

Era realmente molesto tener a este individuo insistiendo en conversar cuando Jap ya había establecido –lo más amablemente posible, considerando las circunstancias- que no tenía ni deseos ni energías de entablar plática alguna. Definitivamente la gente de este planeta nunca piensa en los demás.

Ya estaba listo para dejarse abandonar a la dulce inconciencia, cuando el sujeto dijo algo que llamó su atención.

-…Porque, habrá de saber usted,  la certera piedra era mía…
-¿La piedra certera era suya?
-Así es. La certera piedra era mía.

Jap lo pensó un momento. Dado que las razones del lance de la piedra certera ((o certera piedra como prefería llamarla el dueño)) resultaban irrelevantes y obvias en este punto, lo único que valía la pena reconocer era la destreza del lanzador.

-Pues vaya que tiene usted buena puntería! Lo felicito! Es admirable su habilidad lancística, porque –me permitirá usted asumir- que era mi cabeza el objetivo final de su proyectil, ¿no es así?
-Asume usted bien! Respondió el ladrón, esbozando una sonrisa de orgullo que no sirvió de nada porque Jap no alcanzaba a ver muy bien.

El ladrón quedó esperando que Jap preguntara las razones de su lanzamiento, pero como a Jap le parecían irrelevantes, y además ya no tenía nada más que añadir, esto ocasionó un breve momento de silencio.

Jap cerró su ojo nuevamente. Al paso de los segundos, se sorprendió de comprobar que los momentos incómodos pueden ocurrir en cualquier circunstancia, incluso en una tan rara como aquella. Dado que imaginaba que la incomodidad también había afectado al ladrón, decidió ser amable y ayudarlo a salir del estancamiento.

-Fue una gran proeza… porque yo venía rápido, casi a toda velocidad…

El ladrón recobró el entusiasmo.

-Sí!! ¿Y notó que atravesé limpiamente la ventana? Eso no es nada fácil!
-Cierto –dijo Jap, haciendo un gran esfuerzo para hablar y abrir su único ojo bueno- para quebrar la ventana y romperme la cabeza debió usar mucha fuerza…
-Bastante. De hecho, me duele un poco el brazo.
-Lo siento. Y Jap cerró su ojo.
-Gracias. No quería decirlo, pero si usted hubiera traído la ventana abierta, yo no habría terminado con el brazo lastimado. Ha sido su culpa! ...Tenía que decirlo.
-Pero mire… es que es una noche fría…!
-Pues sí pero el que ha estado aguantando hielo toda la noche he sido yo. Usted –y discúlpeme que se lo diga- seguramente venía bien cómodo en su vehículo de todos modos. Por un ratito que hubiera…
-Bueno! –interrumpió Jap. Se sentía cada vez más cansado y se arrepentía de haber sacado al ladrón del momento incómodo- Le pido perdón y le pido que me deje en paz. Buenas noches!

Jap cerró su ojo y en ese momento lo asaltó por fin la duda: habrán logrado escapar sus amigos que venían con él en el carro? Recordó que antes de perder brevemente el sentido –y antes de que el ladrón llegara a hablar con él- sus amigos habían salido del carro perseguidos a toda velocidad por otras dos figuras amenazantes. Seguramente los compañeros de su interlocutor.

Como el ladrón seguía callado, Jap pensó que quizás se libraría de él después de todo, pero no escuchó que se moviera ni un paso. Al fin reunió fuerzas para preguntar:

-¿Y ahora qué pasó?
-Nada. Me da pena con usted: no debí hablarle así. Le pido disculpas. Es que viera que a veces me exalto mucho por poca cosa.
-…Control de ira…
-Eso me falta, sí.
-Bueno, nadie es… perfecto…
-Gracias por comprenderme. Por cierto, noto como que se está quedando dormido, ¿lo estoy aburriendo?
-Oh…no, no… perdóneme…. No es por usted! Bueno! –Dijo Jap, soltando una leve risa- La… verdad sí… es por… usted y… la piedra certera…
-Jajaja… Es cierto! Mire, le voy a ayudar un poco.

El ladrón abrió la puerta del carro y desabrochó el cinturón de seguridad que aún mantenía a Jap en el asiento. El cuerpo cayó pesadamente al suelo y el golpe abrió aún más la herida en la cabeza. El dolor se reavivó intensamente, pero Jap ya no tenía fuerzas ni para quejarse.

En los siguientes minutos, Jap escuchó al ladrón revisar el carro a conciencia, luego sintió que revisaba sus bolsas y le quitaba la billetera.

-Que decepción, dijo por fin el ladrón.
-Qué… qué pasó…?
-Realmente esperaba más… hay dos maletas pero casi todo es ropa. No anda "laptos" o tabletas. Y esto es un blackberry más viejo que el que yo tengo…
-Lo siento…
-No. Me encachimba… y así se lo digo: ME ENCACHIMBA hacer todo esto por unos pinches cinco dólares y ropa….!!
-Qué pena… yo…
-Somos tres!! Esto no alcanza para tres!! Y encima ME DUELE EL BRAZO!!!
-Perdón… yo no… sabía…
-Por qué no se ha comprado un "ayfon" siquiera?? Áh?? Un "Androy" qué sé yo!! Algo más moderno hombre!!
-Pero el carro… al menos… el carro… vale…
-¿Esta mierda?

Jap abrió grandemente los ojos.

-HEY! no le digás así, cabrón!!
-Y además ya toda manchada de sangre?? Y qué año es? Esta babosada ya está bien vieja, ni para repuestos me serviría!!
-Bueno... ya no me cubren los... seguros pero...repuestos sí… todavía… hay varios… en cir… en circulación…
-No, ni mierda. ME SIENTO ESTAFADO!
-Perdón… no fue… mi… intención…
-Buenas noches. Dijo enérgicamente el ladrón, mientras levantaba del suelo una piedra grande.
-Buenas… noches…  Dijo Jap, y cerró finalmente sus ojos. La piedra bajó brusca y certeramente.


De regreso del aeropuerto, Jap va conversando amenamente con sus amigos mientras conduce hacia San Salvador. Es una noche fría y desolada. De repente, el golpe se siente con cierta fuerza justo en  puerta del conductor.

-¿Y eso? Pregunta Juancho
-No sé!! Responde Jap, e instintivamente acelera. Creo que fue una piedra, así que mejor salimos lo más rápido posible de aquí.
-¿No pudo ser más bien una rama? Pregunta Mari, un poco asustada.
-Quizá, pero…

Una hora después, en el parqueo del restaurante, en San Salvador, Jap recuerda el incidente y decide revisar la puerta, quizá sí haya sido una rama después de todo. Sus amigos se acercan. Efectivamente: dos hundimientos afilados en áreas que han perdido su pintura comprueban los temores. Ha sido una piedra –afortunadamente no muy certera- lanzada con mucha fuerza hacia el conductor.



-Puta! Reacciona Juancho- ¿Te imaginás si…?



Jap

domingo, 1 de junio de 2014

“Me burlo del dolor ajeno”



Tendría yo cosa de unos 6 ó 7 años, cuando, jugando con mis amigos de infancia, vi cómo uno de ellos corría y se tropezaba hasta caer con poca gracia en el suelo, lo que –quizá paradójicamente- a mí sí me causó mucha gracia, la suficiente como para ponerme a reír ahí mismo, frente a mi pobre amigo doliente. A quién no le causó pero ni la más mínima gracia fue a mi progenitora, quien -haciendo gala de la omnipresencia natural de las madres- se encontraba cerca de ahí para observarlo todo.

No con demasiada delicadeza, me tomó del brazo, me llevó un poco aparte y me dio una regañada estilo 80’s. Me hizo ver, con lujo de enfado, que no era bueno burlarse de los demás y que era mucho peor si me estaba mofando de la desgracia ajena. Hizo un par de reiteraciones más al respecto –mi madre ama las reiteraciones- y con un “Se me va ya para la casa” acabó con mi tarde de juegos.

Varios años después, sentí la crueldad en carne propia cuando reprobé un año en la escuela y muchos de mis “amiguitos” de curso, que sí pasaron, se dieron gusto burlándose de mí. Se siente muy feo. La mayoría de ellos debieron aprender esa lección, cuando, poco a poco, cada uno de ellos fueron reprobando hasta compartir nuevamente el salón de clase conmigo.

La vida, en ese sentido, se puede encargar múltiples veces de ponernos a todos en esa posición. Además, en la medida en la que uno madura y el sentido común se desarrolla, se comprende la bajeza de reírse del mal ajeno.

Por eso resulta no solo sorprendente, sino también chocante, que haya personas que, a sabiendas de que la tragedia acababa de tocar la vida del ahora expresidente Funes, no se hayan contenido ni siquiera un poco en sus manifestaciones de alegría destinadas a “celebrar” el final del gobierno saliente.  

Es decir, yo puedo entender la inconformidad que alguien pueda tener por un gobierno que no cumplió sus expectativas; o el enfado que alguien pueda sentir por un presidente cuya personalidad no le pareció nada bien; incluso, puedo entender que alguien sienta hasta rencor por la figura de un mandatario a quien considera negativo o hasta “enemigo” ideológico, o porque haya afectado directamente algún aspecto importante de sus intereses.

Todo eso es comprensible. Iría más lejos y diría que también puedo entender que todas esas personas decidan armar una fiesta a lo grande porque el objeto de sus rencores finalmente dejará de ser su presidente, aunque semejante derroche y desplante no haga más que demostrar la importancia que le dan a Funes ((nadie hace tanta cosa sino posee sentimientos fuertes por esa persona)).

Sí, puedo entender todo eso.




Lo que no entiendo es cómo un adulto normal, con algo de clase, con un poquito de sensibilidad y con al menos un atisbo de empatía humana, opte por entregarse completo a sus desplantes más irrespetuosos y despectivos, y que pase por encima de cualquier consideración por un adversario que, aún con ser adversario, acababa de sufrir una pérdida que todos sentiríamos intensamente: el fallecimiento de mamá.

Perder a la madre no es un dolor cualquiera. No es una tragedia cualquiera. Y no creo que sea imposible guardar un mínimo de respeto ante una situación como esa. Hay que ser verdaderamente ruin para actuar con tal desprecio frente al dolor de otros. Es prácticamente decir “Me burlo del dolor ajeno”.

Y si debían demostrar su bajeza, y si se estaban muriendo de las ganas por desplegar las miserias de su corazón ¿Debían hacerlo hasta el punto de pasar con exceso de ruido, de burla y de algarabía malsana por el mismo hospital donde Funes acababa de ver a su madre cerrar para siempre sus ojos? ¿Era eso necesario? No.

Señores, no fueron “graciositos”, no fueron “espontáneos”, no fueron “irreverentes”. Fueron viles. Felicidades.

Luego de pensar mucho cómo es posible que alguien normal pierda de esa forma la sensibilidad, solo he podido llegar a dos conclusiones: Uno, que todas estas personas no tienen madre, y por eso no comprenden. O que la tuvieron, pero ella nunca les jaló del brazo para  enseñarles que no está nada bien burlarse de la pena de otros.

O dos: que están llenos de una tremenda soberbia ((irónico porque de eso justamente acusan a Funes todo el tiempo)) y la vida todavía no los ha puesto en esa posición de ser la víctima de burlas crueles. Quizá, si reflexionan un poco, puedan ver lo oscura que están poniendo su alma y eviten que sea la misma vida la que les dé esa la lección que todavía no han aprendido y que tanto están necesitando. 

Jap